En las comunidades ligadas a faenas, los turnos y las ausencias no solo afectan al trabajador: también marcan la vida de sus hijos e hijas. Una escuela que sabe cultivar el optimismo se vuelve un factor protector para toda la familia.
El bienestar familiar dejó de ser un asunto privado: hoy es una variable de seguridad operacional. Y una parte importante de ese bienestar se juega en la escuela, donde niños y jóvenes pasan buena parte de su día y procesan lo que ocurre en casa.
Qué es el modelo Penn
El modelo Penn, desarrollado a partir del trabajo de Martin Seligman y la psicología positiva en la Universidad de Pensilvania, parte de una idea poderosa: el optimismo y la resiliencia se pueden aprender. No se trata de pensamiento mágico, sino de entrenar habilidades concretas para interpretar la adversidad, regular las emociones y sostener vínculos sanos.
Cómo lo llevamos a escuelas ligadas a faenas
Nuestro programa de escuelas optimistas y resiliencia infantil adapta este enfoque preventivo a establecimientos ligados a la operación minera. El trabajo se concentra en cuatro frentes:
- Manejo del estrés y de la incertidumbre asociada a los ciclos de turno en el hogar.
- Resolución de conflictos y habilidades socioemocionales en niños y jóvenes.
- Fortalecimiento de vínculos de apoyo entre pares, docentes y familias.
- Detección temprana de señales de malestar, con derivación y acompañamiento oportunos.
“Las empresas mineras chilenas que integren este enfoque de forma preventiva y sistemática posicionarán a la minería chilena como referente de gestión humana integral en Latinoamérica.”
Docentes que multiplican el efecto
La clave de la sostenibilidad está en los equipos docentes. Cuando capacitamos a profesoras y profesores en estrategias preventivas, el efecto no se queda en un taller puntual: se incorpora a la cultura de la escuela y acompaña a cada generación de estudiantes. Por eso medimos tanto el alcance en niños como la cantidad de docentes certificados y de establecimientos que adoptan estrategias de bienestar emocional.
Una escuela optimista no niega las dificultades de vivir junto a la gran minería. Las nombra, las trabaja y le entrega a cada niño herramientas para crecer con esperanza. Ese es, quizás, el mejor lugar donde puede empezar la seguridad.
Este artículo forma parte del programa Escuelas optimistas y resiliencia infantil. ¿Quieres llevarlo a tu comunidad educativa? Conversemos.