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Escuelas 15 de abril de 2026 · 6 min de lectura

Escuelas optimistas: el modelo Penn aplicado en zonas mineras

Profesora acompañando a niñas y niños en una sala de clases con luz natural

En las comunidades ligadas a faenas, los turnos y las ausencias no solo afectan al trabajador: también marcan la vida de sus hijos e hijas. Una escuela que sabe cultivar el optimismo se vuelve un factor protector para toda la familia.

El bienestar familiar dejó de ser un asunto privado: hoy es una variable de seguridad operacional. Y una parte importante de ese bienestar se juega en la escuela, donde niños y jóvenes pasan buena parte de su día y procesan lo que ocurre en casa.

Qué es el modelo Penn

El modelo Penn, desarrollado a partir del trabajo de Martin Seligman y la psicología positiva en la Universidad de Pensilvania, parte de una idea poderosa: el optimismo y la resiliencia se pueden aprender. No se trata de pensamiento mágico, sino de entrenar habilidades concretas para interpretar la adversidad, regular las emociones y sostener vínculos sanos.

Cómo lo llevamos a escuelas ligadas a faenas

Nuestro programa de escuelas optimistas y resiliencia infantil adapta este enfoque preventivo a establecimientos ligados a la operación minera. El trabajo se concentra en cuatro frentes:

“Las empresas mineras chilenas que integren este enfoque de forma preventiva y sistemática posicionarán a la minería chilena como referente de gestión humana integral en Latinoamérica.”

Docentes que multiplican el efecto

La clave de la sostenibilidad está en los equipos docentes. Cuando capacitamos a profesoras y profesores en estrategias preventivas, el efecto no se queda en un taller puntual: se incorpora a la cultura de la escuela y acompaña a cada generación de estudiantes. Por eso medimos tanto el alcance en niños como la cantidad de docentes certificados y de establecimientos que adoptan estrategias de bienestar emocional.

Cómo lo medimos Seguimos el número de docentes capacitados y certificados en estrategias preventivas, y la cantidad de establecimientos que incorporan el bienestar emocional a su gestión. El objetivo: detección temprana, mejor apoyo socioemocional, mejora en los aprendizajes y escuelas más optimistas y resilientes.

Una escuela optimista no niega las dificultades de vivir junto a la gran minería. Las nombra, las trabaja y le entrega a cada niño herramientas para crecer con esperanza. Ese es, quizás, el mejor lugar donde puede empezar la seguridad.

Este artículo forma parte del programa Escuelas optimistas y resiliencia infantil. ¿Quieres llevarlo a tu comunidad educativa? Conversemos.

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